Pulso
A todos los padres, que entonces serán abuelos, podrás
contestarles en la cara, en mayúsculas, que no pasaste
hambre,
no,
que no habitaba una guerra en el DNI de tus antepasados inmediatos,
ni en el DNA, aunque esto al revés no serán capaces de comprenderlo.
Que muchos Reyes y Papá Noël y veranos en la costa e inviernos
en institutos con calefacción central.
Pero también contarás que tuvimos que huir. Nos partió el
amor en dos el dinero,
o la falta de él. Nos dejó una línea de puntos el trabajo
en vez de una pandilla de amigos, y en algunos casos
de punto a punto un par de aviones y las gracias.
Dirás / diremos
que te tenía que coger yo el pulso algunas noches,
aquí, me decías, señalándote el pecho
esa mina a cielo abierto de donde extraía el mineral de mis
sueños,
aquí, mira
late a doble velocidad.
Como el disco de un cantante que supiera que va a morir,
que tiene la mitad de tiempo antes de que el telón
se le caiga encima
para cantar todos sus grandes éxitos.
Podrás contarles, en mayúsculas,
que no dormíamos aquellas noches.
Las noches de pulso, los años de crisis,
Las noches de pulso, los años de crisis,
esperando la desesperanza que llegaba en el correo de la
mañana.
Y mi mano de chamán sobre tu pecho de doctora,
bailando la danza del sueño.
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